martes, 8 de marzo de 2011

PUENTE DÍA DE ANDALUCÍA

Después de una breve, pero muy productiva búsqueda el día anterior al de la salida, dimos forma a nuestra idea de conocer los alrededores de Lisboa, con un diseño de salida donde primaban el componente paisajístico y ornitológico. ¡Cómo no!Seleccionamos una serie de lugares, de los cuales finalmente hemos podido visitar una pequeña parte. Pero bueno, comencemos la crónica.

VIERNES 25:
Salida a las 5:00 de la tarde, aproximadamente, rumbo a nuestro primer destino. Después de una breve deliberación sobre donde pasar la primera noche, decidimos hacerlo en la playa de Comporta, situada en la inmensa lengua de arena que forma el río Sado.
Como íbamos a llegar de noche, decidimos buscar el sitio exacto que teníamos anotado cuya fuente era el foro de los sitios furgoperfectos. Al llegar a un gran aparcamiento en una playa, superpreparado, con gran cantidad de vehículos, dos locales “lounge” superguais, con sobreseñalización para tontos, nos dimos cuenta que los visitantes de los sitios furgoperfectos tenían que ser muy urbanitas.
Bueno, pues después de dar un par de vueltas y buscar un rincón un poco más recogido sin farola que alterase nuestros sueños y paseíto por la playa, nos abandonamos a un sueño reparador.

SÁBADO 26:
Sorprendentemente, amanecimos en el mismo lugar. Un día precioso, azul, soleado, frío todavía.
Nos acercamos a la playa nuevamente, para verla de día, a través de la pasarela para tontos (cuidado…, no hagas…, no tires …). Hicimos nuestras respiraciones y nos dispusimos a preparar el desayuno y organizar el día.
Nos acercamos con la furgo a la aldea de comporta para preguntar por el “Percurso pedestre de Comporta”. Recorrimos la aldea, preguntamos a algunas personas, nos fuimos a un bar a preguntar … y nadie conocía ese “percurso”. Finalmente, decidimos, como siempre aventurarnos por nuestra cuenta. Cogimos un senderillo marismeño y por ahí caminamos durante un par de horas, hasta que vimos que aquello no se sabía dónde acababa. Durante todo el camino nos acompañó un perrucho, que se nos unió en la aldea, y ahí estuvo de lazarillo hasta que regresamos.
Decidimos comer en la punta de la barra de Troia, nos parecía un sitio perfecto. Nuestro acompañante desapareció de la misma manera que había llegado y tiramos. Por el camino nos paramos a echar un vistazo a una zona de marisma pues la marea estaba baja y se veían muchos pájaros.
Conforme nos íbamos acercando a la punta empezaron a aparecer hoteles, urbanizaciones, campos de golf … hasta llegar a la punta donde asomaban grandes torres de edificios. Pensamos … Punta Umbría, pero a lo bestia. ¡Espantoso!
Como el hambre ya apretaba y no dejábamos de estar en una playa, buscamos un lugar discreto y nos pusimos a comer. Estábamos en una bahía, al otro lado veíamos una gran fábrica de hormigón a pie de playa, y un paisaje que, a pesar de todo, era bellísimo.
Después de comida, lectura y siesteo (¡Qué felicidad!), pensamos en nuestro siguiente destino: el cabo Espichel, que se encontraba al otro lado, en la bahía de Setúbal. Vimos que había la posibilidad de cruzar en ferri o hacerlo por carretera. La diferencia en distancia entre una y otro era abismal. Así que decidimos coger el ferri, que siempre es más gustoso. Nos dejó en el puerto de Setúbal. Aparcamos y aprovechamos para callejear un poco por el casco antiguo y tomarnos un refresquito.
Después de holgazanear un poco más, seguimos nuestro camino hacia el cabo Espichel. Nos sorprendió lo poblada que esta toda la zona. Llegamos al cabo donde había un faro, con farero todavía, y una iglesia, que antiguamente llegó a tener una importante hospedería. Dormimos cerca de la iglesia, en el inicio de un sendero que teníamos previsto hacer al día siguiente.
Allí disfrutamos de las últimas horas del día, escuchando el viento y moviéndonos con el vaivén de la furgo.

DOMINGO 27:
Amanecimos… despacio … con el solcito. Preparamos desayuno y empezamos a ver las primeras motos de un despliegue motorista que duró todo el día. No sabemos si había una concentración motera allí en la explanada de la iglesia o había una romería en honor a la patrona de la iglesia. La cuestión es que había docenas de motos.
Nosotros, después de una breve visita a la iglesia, nos perdimos pronto, pues cogimos el sendero de las huellas de dinosaurios que bajaba por la ladera del acantilado. Por allí se entrecruzaban multitud de pistas y muchos ciclistas y trialeros. Unos haciendo deporte, los otros destrozando los caminos.
Por allí caminamos y disfrutamos durante la mañana. Llegamos a comer y decidimos acercarnos al faro. Buscamos un sitio a cubierto del viento frente al mar y disfrutamos de un rato perfecto: comida, té, lecturita … ¡Vacaciones!
Como ya vimos que nuestra previsión de viaje si iba al garete y no podíamos visitar todo lo que teníamos previsto, pues ya decidimos dejar la zona de Sintra para otra ocasión, pues era la visita central del viaje y lo que tenía más lugares de interés (pueblo-playas-sierra). También nos olvidamos de las islas Berlengas y del humedal de Paul Boquilobo, que quedarán para otra ocasión.
Decidimos quedarnos en lo que nos quedaba más cerca de donde estábamos: la costa de Caparica. Allí nos fuimos con idea de pasar la noche y el día siguiente. Pero otra sorpresa que nos llevamos. La zona está muy cerca de Lisboa y estaba pobladísimo. Es una inmensa playa con pinar donde las casas de veraneo estaban por doquier. Pobladísimo y con muy pocos accesos a la playa y privados. Todo muy cutre, asentamientos de cutrecasas de veraneo por doquier, claramente ilegales … No nos gustó la zona. Además empezaba a anochecer y estábamos inmersos en la caravana de regreso a Lisboa. Con lo cual decidimos volver a nuestro cabo Espichel y dormir allí una segunda noche, el sitio se lo merecía.

LUNES 28:
Último día. Improvisamos una ruta mañanera por el cabo hacia el lado contrario al día anterior. Otro día soleado. Caminamos durante la mañana por un sendero de largo recorrido, más o menos señalizado, hasta la hora de comer. Comimos nuevamente en el faro, y ya nos preparamos para el regreso, que hicimos de la misma forma que a la ida, cogiendo el ferri en Setúbal, con una espera de una hora.
A partir de aquí, el viaje ya lo hicimos del tirón. Llegamos tarde, tuvimos, como siempre, el desacuerdo de pareceres entre descargar la furgo hoy o mañana, cena, ducha, paginita y … a dormir.
Al día siguiente todavía teníamos fiesta por el Día de la Comunidad Escolar que aprovechamos para poner a punto la semana.

VALORACIÓN:
Nos encantó. Viajamos de otra forma, sin tiempo, más atentos al disfrute, al descanso, que a coleccionar sitios. Destacar el cabo Espichel como un lugar de visita obligada en esta zona.

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